Encuentro con Manuel Ponce de Léon, director de Todos mis viajes son viajes de regreso: « El recuerdo, una creación artística espontánea y poética »

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En el marco del Festival de Locarno, tuvimos la oportunidad de conocer a Manuel Ponce de León, un director colombiano de 32 años, cuyo filme Todos mis viajes son viajes de regreso ha tenido su premier mundial recientemente. En un ambiente íntimo, dentro de la biblioteca del PalaCinema, compartió con nosotros su visión única del cine y su relación con el recuerdo. Su enfoque artístico, que encuentra sus raíces en la nostalgia y la memoria, se inspira en interacciones profundas con el pasado y explora cómo estas moldean nuestra identidad presente. Su visión resuena a través de una narrativa que mezcla el pasado con el presente, ofreciendo así una reflexión conmovedora sobre el legado que llevamos dentro.

En el marco de la última edición del Festival de Locarno, tuvimos la oportunidad de conocer a Manuel Ponce de León, un joven director colombiano apasionado por el cine y la memoria. Su película, Todos mis viajes son viajes de regreso, aborda temas profundos como la identidad, la nostalgia y los viajes, tanto físicos como espirituales. Durante nuestro intercambio, compartió su visión artística y cómo sus experiencias personales han influido en su obra.

Los orígenes de un cineasta

Desarrollándose en un entorno creativo desde su adolescencia, Manuel comenzó a realizar cortometrajes con sus amigos. Estos proyectos, realizados en la simplicidad de las vacaciones en el campo, fueron el terreno de su amor por el cine. En aquel entonces, inventaban historias, las filmaban y las editaban juntos. Esta pasión por el arte de narrar fue un verdadero catalizador para su compromiso futuro.

Después de obtener su título, se encontró en la encrucijada académica. Inicialmente inscrito en antropología, decidió realizar una película más elaborada, que implicara más seriedad y creatividad. Este proyecto marcó el nacimiento de su productora, Los Niños Films, en colaboración con amigos de larga data. Así, pudo continuar explorando las historias que le apasionaban mientras desarrollaba sus habilidades.

El arte de la memoria en el cine

El largometraje que presenta en Locarno, Todos mis viajes son viajes de regreso, está impregnado de sus reflexiones sobre la memoria y el tiempo. Manuel ha vivido momentos significativos fuera de su tierra natal, incluyendo una estancia en Berlín. Allí, la soledad de un invierno riguroso le llevó a reflexionar sobre sus raíces y su identidad.

Recuerda particularmente un incidente memorable, cuando un balón de fútbol lo tocó accidentalmente. Esto fue la ocasión para conocer a un compatriota colombiano, quien le ofreció un CD de poemas de León de Greiff. Este momento iluminó la interconexión entre su universo poético y su realidad. Al redescubrir la voz de este poeta, Manuel sintió una nostalgia intensa que lo impactó profundamente e inspiró en la creación de su película.

Una película anclada en el presente y el pasado

La narrativa de Todos mis viajes son viajes de regreso está construida alrededor de dos temporalidades distintas, tejiendo un vínculo entre un pasado vivo y un presente contemporáneo. En el corazón de esta creación se encuentra la idea de que el recuerdo moldea nuestra identidad. Esto resuena con su propia búsqueda personal, a saber: “¿Quién soy?”

Los personajes de la película están habitados por los recuerdos de sus ancestros, aquellos que los precedieron en el tiempo. Manuel ve el cine como un medio para navegar a través de estas capas de vida, permitiendo que la memoria y lo imaginario se encuentren. Cada videoconferencia en su narrativa representa una exploración de la identidad y del legado cultural. La reinvención del pasado es central en su enfoque artístico, recordando que nunca estamos realmente solos en nuestras reflexiones.

La relación con el tiempo a través del cine

Una de las escuelas de pensamiento más fascinantes que aborda es su relación con el tiempo. Manuel privilegia la lentitud, reservando momentos prolongados para captar emociones sinceras de los personajes. Para él, el cine es un acto de sueño, un medio para escapar y redefinir la realidad. Se invita al espectador a contemplar y sentir cada instante, sin cortes. La obra de grandes cineastas como Lisandro Alonso, Lav Diaz o Werner Herzog también ha influenciado su manera de ver el tiempo en la pantalla.

Manuel confiesa que este enfoque íntimo, esta iluminación de la naturaleza, alimenta su proceso creativo. Aspira a crear un vínculo auténtico con los paisajes que lo rodean. Su creciente experiencia en este campo le ha ayudado a comprender que a veces, la simplicidad de un plano puede ser más evocadora que una secuencia más cargada.

La naturaleza como telón de fondo

La naturaleza juega un papel crucial en su película, convirtiéndose casi en un personaje por derecho propio. Lejos de ser un simple decorado, evoca sensaciones y sentimientos profundos. Manuel menciona sus raíces andinas, ilustrando que un vínculo bien establecido con el territorio puede reducir las complejidades identitarias que un individuo debe enfrentar. Esta relación con el entorno y los paisajes es una celebración de su herencia, su cultura y sus historias.

En la película, la heroína Petronella siente una necesidad profunda de tocar y vivir su entorno, encarnando esta conexión. Esta perspectiva recuerda a cada espectador la necesidad de pasar tiempo contemplando la belleza del mundo que nos rodea. El ritmo de la película permite sentir, saborear cada instante y entender que todo esto es esencial en el proceso de construcción identitaria.

Un elenco internacional rico y ecléctico

La diversidad del elenco enriquece la película, aportando diferentes colores y perspectivas. Manuel quiso rodearse de actores que representaran diversas nacionalidades, reflejando su mensaje universal. La importancia de la identidad colectiva se manifiesta a través de las historias individuales de los personajes. En el corazón de este elenco se encuentra Denis Lavant, un actor cuya aura y talento han fascinado al director.

Manuel comparte que el descubrimiento de Denis Lavant fue el resultado de un encuentro fortuito, cuando su coproductor sugirió que el personaje de Mollien debería ser interpretado por él. A pesar de las aprensiones iniciales, este encuentro fue un éxito. Mientras se dejaba llevar por la magia del momento, Manuel logró despertar en Denis un interés palpable por el proyecto. La energía que aportó en el set insufló una vitalidad y autenticidad notables a la película.

La colaboración con actores cuyas historias resuenan con las de sus personajes ha permitido tejer una narrativa rica y cautivadora. Es esta inmersión en relatos múltiples y diversos lo que le da a Todos mis viajes son viajes de regreso toda su profundidad y riqueza humana. Cada actor, con su presencia, añade una nueva dimensión, explorando juntos la delicadeza del recuerdo.

Durante nuestro encuentro con Manuel Ponce de León, quedó inmediatamente claro que su enfoque del cine trasciende la simple narración para sumergirse en la nostalgia y la introspección. Su película, Todos mis viajes son viajes de regreso, es el fruto de una profunda reflexión sobre la identidad, el pasado y la reinvención de sí mismo. Este largometraje, tejido en torno a los recuerdos, nos invita a comprender cómo nuestras raíces influyen en quienes somos en el presente.

Los temas tratados por Ponce de León resuenan fuertemente en el contexto colombiano, donde las cicatrices históricas y culturales están arraigadas en la memoria colectiva. A través de relatos de viajes y experiencias personales, explora esta relación íntima entre el pasado y el presente, subrayando que la identidad es una construcción perpetua, moldeada por el eco de nuestros ancestros. El director sabe traducir la complejidad de esta búsqueda de uno mismo utilizando elementos poéticos y visuales que captarán la atención del espectador.

Además, Ponce de León subraya la importancia de la naturaleza en su proceso creativo, revelando que el cine es mucho más que una serie de imágenes proyectadas. Para él, cada plano y cada sonido son elementos que participan en la elaboración de una emoción universal. Su enfoque del tiempo en la película está diseñado para permitir al espectador vivir una experiencia sensorial, donde cada segundo es valioso, donde la mirada se fija en los detalles a veces olvidados.

La pasión de Manuel Ponce de León por el cine y su manera de abordar el recuerdo como una forma de arte lo convierten en un actor excepcional en la escena contemporánea. A través de su obra, no se limita a contar historias, sino que también invita a su público a reflexionar sobre sus propias experiencias y a reconectarse con lo que realmente significa “viajar”. Su visión permite reinventar la etiqueta artística y abordar el arte desde un ángulo más espontáneo y poético.

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