El Festival de Locarno 2026 se distingue por su programación audaz, destacando obras cinematográficas que interrogan las relaciones entre tiempo y espacio. Entre las películas presentadas este año, L’Estive de Naël Khleifi y Lisa Debauche, Rehmat de Gurvinder Singh, y Todos mis viajes son viajes de regreso de Manuel Ponce de Léon se destacan por su enfoque sensible y contemplativo, cada una a su manera revelando relatos profundamente arraigados en las realidades sociales y existenciales contemporáneas.
Este año, el Festival de Locarno 2026 promete ser rico en emociones y reflexiones a través de una selección de películas cautivadoras. Entre ellas, encontramos L’Estive, una obra impactante que aborda temáticas sociales profundas. Rehmat, por su parte, sumerge al espectador en una crítica social conmovedora a través de una lentitud visual específica. Finalmente, Todos mis viajes son viajes de regreso propone una experiencia sensorial única, llena de vagabundeo y belleza. Este artículo se centra en explorar estas películas que ilustran brillantemente los desafíos contemporáneos.
L’Estive: un viaje introspectivo en alta montaña
La película L’Estive, dirigida por Naël Khleifi y Lisa Debauche, ilustra con poesía la relación compleja entre tiempo y espacio. La obra, de una duración de 1h05, evita los adornos superfluos a menudo asociados con las películas de festival. Aquí, todo transcurre en los majestuosos Alpes, sin desviarse del corazón de su relato, centrado en el personaje de Hana, interpretado por Manal Issa. Esta joven, llegada del Líbano en guerra, aprende a convertirse en pastora de ovejas. Se enfrenta a migrantes que atraviesan su territorio, buscando un futuro mejor.
Los temas del aislamiento y del vínculo con las raíces están magníficamente representados, particularmente a través de una escena de llamada telefónica que subraya la desconexión de Hana con su madre. La película se transforma en una metáfora reflexiva de las realidades sociales, donde las ovejas se convierten en reflejos de los migrantes perdidos. Los cineastas capturan los movimientos de las diversas hierbas del paisaje, mostrando así un contraste con la humanidad en sufrimiento.
Rehmat: la lentitud como reflejo de una sociedad estancada
En un registro completamente diferente, Rehmat, del director Gurvinder Singh, nos sumerge en una crítica estructurada de la sociedad india. Esta película aborda la dificultad de evolucionar, impregnada de una lentitud cautivante que, aunque pesada, representa la estancación de los personajes. A través de una puesta en escena sutil, descubrimos la tensión de un pueblo del Punjab, donde los hombres son a menudo ausentes, muertos o en fuga. Las primeras partes de la película marcan una dualidad entre el interior de la casa y el mundo exterior que, este último, permanece invisible.
La duración de los planos es a menudo excesiva, pero este enfoque se contrasta con momentos de claridad y urgencia. Esta dualidad plantea interrogantes sobre el poder y el patriarcado, revelados aquí por un personaje británico que se impone extrañamente en este microcosmos estancado. Más allá de suscitar la reflexión, la obra puede a veces acercarse al aburrimiento, perdiéndose en su propia ambición. Sin embargo, esta lentitud sirve para retratar un cuadro social elocuente.
Todos mis viajes son viajes de regreso: una errancia poética
La película Todos mis viajes son viajes de regreso, del joven cineasta colombiano Manuel Ponce de Léon, aporta una dimensión sensorial fascinante. Inspirada por el poeta León de Greiff, cuenta la historia de dos suecos que buscan colonizar un pedazo de tierra en América del Sur. Los paisajes filmados son tanto magníficos como hostiles. Los personajes están atrapados en su soledad. La experiencia sensorial se intensifica a través de la lentitud y el silencio de la película, haciendo palpable la fragilidad de su búsqueda.
La puesta en escena de Ponce de Léon crea un universo inmersivo, donde el espectador puede sentir la aceleración del tiempo a través de las miradas perdidas de los protagonistas. La película evoca el cine de Lisandro Alonso por su búsqueda de una inmersión radical. Las historias se repiten, creando una sensación de errancia temporal, casi onírica. Los personajes y el espectador se enfrentan así a un laberinto emocional, donde el tiempo se vuelve líquido, y donde el viaje es más que un simple desplazamiento físico.
Este festival también se destaca por perspectivas únicas dentro del paisaje cinematográfico actual. Las obras, cada una a su manera, interrogan nuestra comprensión del mundo, del migrante al patriarcado, ofreciendo así un recorrido reflexivo imprescindible. A través de estos relatos profundamente humanos, el Festival de Locarno 2026 nos recuerda que el cine sigue siendo un poderoso vector de cuestionamientos sociales.
Conclusión sobre el Festival de Locarno 2026
La septuagésima novena edición del Festival de Locarno ha ofrecido una plataforma de expresión cinematográfica notable, resaltando obras como L’Estive, Rehmat, y Todos mis viajes son viajes de regreso. Cada una de estas películas propone una exploración única de los temas de la errancia, el tiempo y la identidad, al mismo tiempo que mira críticamente realidades contemporáneas.
L’Estive, de Naël Khleifi y Lisa Debauche, se destaca por su capacidad de captar la belleza y la dureza de la vida en alta montaña, mientras ilustra la complejidad de la humanidad frente a la migración y la guerra. La dulzura de sus paisajes contrasta con la angustia de algunos personajes, creando así una experiencia cinematográfica rica en emociones y reflexiones. La película se afirma como un poderoso retrato del vínculo entre la naturaleza y la condición humana, invitando al espectador a la contemplación.
Por otro lado, Rehmat, aunque ambicioso en su intento de tratar temas sociales, se enfrenta a torpezas que diluyen el impacto de su mensaje. Gurvinder Singh explora el patriarcado y el estancamiento social en India, sin embargo, sus elecciones estéticas demasiado marcadas generan una impresión de lentitud que puede provocar cierto aburrimiento en el espectador. Esto subraya la dificultad de captar la esencia del tiempo mientras se mantiene el interés.
Por su parte, Todos mis viajes son viajes de regreso de Manuel Ponce de Léon logra crear una atmósfera completa e inmersiva, donde la fisicalidad del tiempo y los lugares es palpable. La película, rica en simbolismo y poesía, convence por su capacidad de sumergir al público en una errancia tanto espiritual como geográfica, resonando con preguntas universales sobre la identidad y la memoria.










