Emma Benestan: «Ir en busca de la emoción, en todas partes y en todo momento» — entrevista

Desde sus comienzos en el montaje junto a Abdellatif Kechiche hasta la dirección de Fragile y Animale, Emma Benestan da forma a un cine atento a los rostros, los cuerpos y los territorios. En esta entrevista, habla de su búsqueda de la emoción, de su complicidad con Oulaya Amamra y de su deseo de desviar los códigos de los géneros.

De la sala de montaje a los rodajes, Emma Benestan ha ido encontrando su lugar en el cine francés. Su trayectoria junto a Abdellatif Kechiche, su duradera complicidad con la actriz Oulaya Amamra y su atención a los intérpretes alimentan una obra singular. De Fragile a Animale, la directora explora los géneros para alterar mejor sus reglas, al tiempo que sitúa sus historias en territorios concretos.

Del montaje a la dirección: aprender a encontrar su lugar

Antes de dirigir sus propias películas, Emma Benestan se formó en montaje en La Fémis. Después trabajó en varias obras de Abdellatif Kechiche, entre ellas La Vie d’Adèle y Mektoub My Love. Esta primera etapa le convenía: podía acompañar el proceso creativo, pensar el ritmo de las imágenes y participar en las reflexiones sobre la interpretación, sin ocupar el primer plano.

El cine la atraía desde hacía mucho tiempo, pero plantearse dedicarse a ello profesionalmente no era algo evidente. Al venir de una familia alejada de ese mundo, no se sentía inmediatamente legitimada para entrar en él. Esa confianza se fue construyendo poco a poco, a través de las experiencias, pero también gracias a una generación de cineastas que avanzaba unida. Las amistades y los proyectos compartidos se convirtieron entonces en un apoyo concreto: ver cómo una de sus películas llegaba a buen puerto animaba a los demás a seguir adelante.

El montaje, una escuela del ritmo y los rostros

Su trabajo junto a Kechiche le enseñó a dar más libertad a los intérpretes. En lugar de imponerles una intención fija, aprendió la importancia de observar su energía, su presencia y lo que cuentan sus gestos. El montaje también le transmitió una forma de experimentar una escena más allá de los diálogos: mirar los rostros sin sonido, o escuchar solo la música, permite sentir si una secuencia tiene su propio movimiento. Esta búsqueda de un pulso interior sigue estando en el centro de su práctica.

Oulaya Amamra, una complicidad nacida en un cortometraje

Paralelamente al montaje, Benestan empieza a dirigir cortometrajes. En particular, quiere ofrecer una mirada distinta sobre el mundo universitario, una ambición que atraviesa la escritura de Belle gueule. Conoce a Oulaya Amamra a través de la asociación 1000 Visages, al comienzo de su colaboración.

La directora no buscaba necesariamente a una actriz destinada a convertirse en una musa. El encuentro hizo surgir más bien una afinidad profesional, llamada a renovarse de una película a otra. Desde entonces, Amamra es para ella una compañera creativa y una aliada valiosa, con quien ha profundizado una relación artística a lo largo de los años.

Esta fidelidad no significa repetir una misma fórmula. Cada papel exige una nueva exploración y otra manera de construir al personaje. Al contrario, la confianza entre la actriz y la cineasta permite asumir riesgos, probar caminos inesperados y dejar espacio a lo que surge durante la preparación o el rodaje.

Elegir a los actores por lo que pueden aportar

Para cada película, el reparto empieza con una pregunta: ¿qué tipo de presencia necesita la historia para arraigarse? Elegir a un intérprete no consiste solo en comprobar que encaja con un personaje imaginado sobre el papel. También se trata de descubrir lo que puede aportarle, a veces más allá de las intenciones iniciales de la guionista.

Las pruebas y los ensayos desempeñan un papel esencial en esta búsqueda. Dan tiempo para detectar una forma de hablar, una energía o una sensibilidad que confiere al papel una nueva dimensión. Un actor puede aportar matices allí donde el guion parecía haber trazado ya una dirección precisa.

Esta atención lleva a veces a dar prioridad a intérpretes debutantes, poco conocidos o poco familiarizados con la profesión. Su presencia puede dar al relato una autenticidad particular, siempre que se encuentre a la persona que comprenda íntimamente su universo. Para Fragile, la directora quería, en particular, que las conversaciones sobre los toros sonaran auténticas y fueran fieles al territorio representado.

La preparación colectiva se convierte entonces en una herramienta de puesta en escena. Antes del rodaje de esta película, los actores pasaron tiempo juntos, entre ensayos y actividades compartidas. Al conocerse, pudieron crear una complicidad común, útil tanto en sus diálogos como en sus interacciones físicas.

Desplazar los códigos de los géneros sin perder el hilo de los personajes

Las referencias de Emma Benestan atraviesan universos muy distintos, desde las series fantásticas hasta el cine de autor. Para Fragile, pensó en obras tan diferentes como Buffy, cazavampiros y las películas de Claude Sautet. En Animale, hace dialogar el western, el terror corporal y motivos mitológicos asociados al Minotauro.

Estas influencias no sirven para reproducir modelos. A la cineasta le interesa más bien la manera en que un género organiza las expectativas del público y lo que ocurre cuando se modifican sus reglas. La comedia romántica de Fragile y el western de Animale le ofrecen marcos reconocibles que puede transformar a fondo.

A menudo busca poner en tensión códigos percibidos como muy femeninos o muy masculinos. Este desplazamiento abre un espacio para contar de otra manera las relaciones, los deseos o las relaciones de poder. El género sigue presente, pero no determina por sí solo el sentido de la película.

Más allá de las referencias formales, son los personajes los que conectan obras muy diferentes. Los cineastas que admira, como Alfonso Cuarón y Steven Spielberg, pueden pasar de un registro a otro sin perder su sensibilidad propia. Lo que le interesa es la manera en que sus relatos siguen a individuos que se enfrentan a su comunidad, a sus miedos y a sus aspiraciones.

Hacer del territorio una presencia en la pantalla

En el cine de Benestan, un decorado no es intercambiable. Sète, el cultivo de ostras y el mundo de los rodajes televisivos dan a Fragile una textura particular, mientras que los caballos y los paisajes de la Camarga forman parte plenamente de la identidad de Animale. Estos lugares no son solo un telón de fondo: influyen en los personajes y en la forma en que se desarrollan sus historias.

La cineasta siente un fuerte apego por el sur, que conoce a través de Montpellier y Sète. Desde París, también ha tomado distancia respecto a las representaciones a menudo simplificadas de esta región, reducida a imágenes soleadas o a la Costa Azul. Quiere filmar espacios más concretos, con sus actividades, sus costumbres y sus contradicciones.

Este enfoque pasa por un arraigo local asumido. Según ella, una historia puede nacer de un lugar con el que mantiene un vínculo profundo, hasta el punto de que otro entorno cambiaría su naturaleza. Los detalles geográficos y sociales participan entonces directamente en la narración y la emoción.

Así, el paisaje se convierte en una extensión sensible de los personajes. En un western, por ejemplo, la vasta extensión puede reflejar tanto las tensiones interiores como las relaciones entre los habitantes. Esta manera de concebir el decorado ayuda a la directora a hacer visibles los estados de ánimo sin explicarlos únicamente mediante los diálogos.

Su objetivo es hacer que lo íntimo y lo singular se abran a una experiencia más amplia. No se trata de borrar las particularidades de un territorio para que el relato resulte universal. Al contrario, es manteniéndose muy cerca de un lugar, de sus voces y de sus gestos como una historia puede encontrar eco mucho más allá de sus fronteras.

La trayectoria de Emma Benestan empezó a construirse entre bastidores, en las salas de montaje. Formada en La Fémis, trabajó junto a Abdellatif Kechiche en La Vie d’Adèle y Mektoub, My Love. Esta experiencia le enseñó a prestar una atención especial a los rostros, los gestos y lo que los intérpretes expresan más allá de los diálogos. Para ella, una escena puede revelar toda su fuerza cuando se la mira sin sonido, dejando que afloren las mínimas variaciones de una expresión o una presencia.

Convertida en directora, prolonga esta búsqueda dando un lugar esencial a los actores. El reparto no consiste solo en encontrar a alguien que encaje con un personaje ya escrito: también se trata de descubrir qué puede aportar el intérprete de forma inesperada. Las pruebas, los ensayos y el tiempo compartido antes del rodaje alimentan este enfoque. En Fragile, la preparación colectiva permite así que los actores creen una dinámica común y habiten sus papeles con mayor libertad.

Su forma de filmar también se apoya en un diálogo con los géneros. La comedia romántica o el western se convierten en territorios que explorar y transformar, en lugar de modelos que reproducir. En Animale, los códigos del western se encuentran con el terror corporal y una figura mitológica, mientras el relato se arraiga en los paisajes de la Camarga. Esta libertad formal sigue ligada a los personajes, sus deseos, sus miedos y su relación con el mundo que los rodea.

Los lugares también ocupan un lugar central en su cine. Sète y la Camarga no son simples decorados: sus actividades, sus paisajes y sus comunidades forman parte de la materia misma de las historias. Al partir de un territorio concreto y de una experiencia íntima, Benestan busca hacer surgir emociones accesibles para todos, sin borrar lo que hace que cada relato sea profundamente singular.

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