« La poseída » (1975) : Amando de Ossorio se sumerge en el horror de la posesión

dans « la possédée » (1975), amando de ossorio explore l’horreur d’une possession démoniaque, entre mystère, terreur et atmosphère gothique.

Con La Possessed (1975), Amando de Ossorio revisita el cine de posesión a través del destino de Susan, una niña cuyo cuerpo es invadido por el espíritu vengador de una bruja. Aunque la película toma elementos de El Exorcista, poco a poco impone un tono español singular, donde el horror sobrenatural se mezcla con una dolorosa representación de la infancia maltratada.

Estrenada en 1975, La Possessed retoma los códigos de la película de exorcismo para filtrarlos a través de la oscura y singular lente del cine español. La historia sigue a Susan, una niña cuyo cuerpo se convierte en el terreno de la venganza de una bruja. Aunque la película evoca con frecuencia El Exorcista, también encuentra su propio camino en impactantes escenas de aquelarre y en el retrato doloroso de una infancia herida. Detrás del horror, Amando de Ossorio hace aflorar una tragedia más íntima.

Una venganza sobrenatural en el corazón de España

La trama se abre con la arresto de una bruja que practica sacrificios humanos. Antes de morir, decide vengarse del hombre responsable de su caída tomando posesión de su hija, Susan. La niña cambia poco a poco, y su entorno tiene dificultades para entender lo que le está sucediendo.

Susan, una niña atrapada

La transformación de Susan se manifiesta primero a través de una agresividad inusual. Los adultos buscan explicaciones ordinarias, mientras que la niña se vuelve cada vez más difícil de reconocer. Este desajuste entre la mirada tranquilizadora de los cercanos y la creciente evidencia del mal establece una inquietud duradera.

La gobernanta, testigo privilegiada de esta deriva, termina solicitando la ayuda del padre Juan. El sacerdote es llamado a intervenir incluso cuando su fe tambalea y los eventos parecen desafiar cualquier explicación racional. La posesión se convierte así tanto en una prueba para la niña como en una prueba espiritual para quien intenta salvarla. El relato hace progresar esta tensión en etapas, dejando que los signos inquietantes se acumulen.

En la estela de «El Exorcista»

Realizada por Amando de Ossorio, conocido sobre todo por su saga de los Templarios ciegos, la película aparece dos años después del éxito de El Exorcista. La afinidad entre ambas obras es manifiesta, incluso en los temas asociados a la adolescencia, la sexualidad y el escepticismo de los adultos frente a lo sobrenatural. La duda del padre Juan recuerda también a la del padre Karras, confrontado a una crisis de fe en el momento en que se solicita su ayuda.

Esta proximidad puede dar a la película el aspecto de un film de explotación que retoma una fórmula ya popular. Sin embargo, Ossorio no se limita a alinear los signos esperados del relato de exorcismo. Progresivamente desplaza la atención hacia la crueldad ejercida sobre Susan y la impotencia de los adultos que la rodean. La imitación se convierte así en ocasiones en un melodrama de horror.

La película permanece desigual, especialmente cuando su dirección se vuelve más torpe o cuando sus personajes parecen reducidos a funciones familiares del género. Pero esta debilidad no borra los momentos en que se emancipa de su modelo. Una sensibilidad española, a veces feroz y crepuscular, colorea el conjunto y le da una identidad propia. Son en estas desviaciones donde se dibuja el encanto particular de esta obra desconocida.

Misas negras y la presencia del mal

Las secuencias de misa negra están entre los pasajes más impactantes del filme. Su atmósfera ritual introduce una dimensión pagana que distingue la brujería de una simple manifestación espectacular del demonio. Los gestos, los símbolos y la amenaza colectiva componen un universo intencionadamente inquietante. Ossorio hace sentir la existencia de un mal organizado, capaz de actuar más allá del cuerpo de Susan.

La bruja constituye una figura central de esta amenaza, incluso cuando no se manifiesta directamente. Su poder se prolonga a través de la niña, a quien utiliza para alcanzar y atormentar a sus víctimas. Esta idea otorga al relato una crueldad particular, ya que Susan es tanto el rostro visible del horror como quien lo sufre. El cuerpo poseído cuenta entonces una lucha de la que la niña no domina ni las reglas ni las consecuencias.

Estas escenas de ocultismo tienen una eficacia que contrasta con los límites de la producción. Las imágenes no se basan solo en la sorpresa, sino en la impresión de que un orden oscuro se ha instalado en la cotidianidad. Lo sobrenatural se infiltra en un entorno familiar donde todavía se quiere creer en causas racionales. Esta confrontación entre banalidad y maleficio alimenta varios de los momentos más memorables.

El rostro de Susan contribuye en gran medida a esta inquietud. La interpretación de Marian Salgado pasa de la vulnerabilidad a la amenaza con gran flexibilidad, sin borrar la angustia de la niña. Esta versatilidad hace que las escenas de posesión sean más perturbadoras, ya que la monstruosidad nunca suprime por completo a la niña. Un año más tarde, la actriz también marcará a los espectadores en Los Revoltosos del año 2000, película de Narciso Ibáñez Serrador.

Un horror que toma la forma de un drama

Ossorio filma el calvario de Susan de cerca, dándole un lugar importante a sus reacciones y sufrimiento. Esta elección aleja a veces al filme del modelo casi clínico de El Exorcista. El horror ya no se basa únicamente en el enfrentamiento espectacular entre un sacerdote y un demonio: se asienta en la destrucción progresiva de la niña. La mirada del cineasta lleva así el relato hacia un tono cada vez más trágico.

La violencia que golpea a Susan es tanto física como psicológica. La posesión actúa como una fuerza que invade su cuerpo, pero también como una negación de su identidad. La película insiste en la brecha entre la pequeña que su entorno piensa conocer y la criatura que parece tomar su lugar. Esta metamorfosis hace que el relato sea profundamente inquietante, sin reducir a su protagonista a un mero efecto horrorífico.

Se dibuja entonces una lectura más dolorosa: la infancia parece atacada por el mundo adulto, sus violencias y su incapacidad para proteger a los más vulnerables. Lo sobrenatural da una forma extrema a esta idea, pero las consecuencias emocionales siguen siendo muy concretas. La compasión que suscita Susan termina contando tanto como el miedo que inspira la bruja. Es esta melancolía la que permite al filme trascender, en ciertos momentos, su estatus de copia tardía.

Los límites de la realización siguen siendo visibles, y algunos recursos narrativos parecen hoy en día convenidos. Sin embargo, las imperfecciones también contribuyen a su carácter singular: la obra oscila constantemente entre la explotación, lo fantástico religioso y el drama familiar. Para quienes estén interesados en la historia del cine de horror, este periodo revela numerosos intentos de cineastas deseosos de prolongar el éxito de los relatos de posesión. En este sentido, la actualidad del género incluye también homenajes a los creadores, como este artículo dedicado a la desaparición del director Jeremiah Kipp.

La Possessed no rivaliza con la obra maestra de William Friedkin, de la que retoma abiertamente varios mecanismos. Sin embargo, sigue siendo entrañable cuando su dirección se aleja de los caminos marcados para privilegiar los ritos, el dolor de la joven heroína y la fatalidad. Estas cualidades intermitentes lo convierten en uno de los descendientes más interesantes del gran ciclo de películas de exorcismo de los años 70. La película está disponible en Blu-ray a través de Le Chat qui fume, en una edición acompañada de suplementos dedicados a Marian Salgado y a la obra de Ossorio, así como del tráiler.

La Possessed: la infancia atrapada en el horror

Con La Possessed, dirigida por Amando de Ossorio en 1975, el horror sobrenatural se instala en la cotidianidad de una familia española. Tras su arresto, una bruja elige vengarse apoderándose de Susan, la hija del hombre que la hizo arrestar. La niña cambia poco a poco: su comportamiento se vuelve inquietante, la violencia aflora y su cuerpo mismo parece llevar las marcas de una presencia ajena. Ante este mal que los adultos tienen dificultades para comprender, la gobernanta solicita la intervención del padre Juan, un sacerdote marcado por sus propias incertidumbres.

La película se inscribe en la estela de El Exorcista, fenómeno del que retoma varios motivos: el escepticismo frente a lo sobrenatural, la duda religiosa y la irrupción de signos corporales inquietantes. Pero Ossorio les da a esta historia un color singular, especialmente en las secuencias de misa negra y en las manifestaciones de la bruja, cuya influencia transforma la posesión en un espectáculo inquietante. Estos pasajes, pocos pero impactantes, revelan una imaginería más personal de lo que deja entrever la estructura familiar del relato.

La presencia de Marian Salgado es esencial para esta atmósfera. Su rostro pasa de la fragilidad a una hostilidad sorprendente, mientras que la dirección se mantiene atenta a los sufrimientos físicos y psicológicos de Susan. La posesión no es solo un recurso horrorífico: se convierte en una prueba infligida a una niña, observada de cerca, sin rodeos. Esta dimensión otorga al filme un tono progresivamente trágico y melancólico, donde el miedo se mezcla con la incomodidad ante la destrucción de la inocencia.

Desigual y a veces marcado por una realización desfasada, La Possessed conserva su interés en los momentos en que se aleja de su modelo. Su atmósfera española, sus visiones ocultas y la intensa actuación de Salgado dan forma a una obra donde el horror toma una forma profundamente humana, a la vez brutal y dolorosa.

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